martes, 11 de enero de 2011

Anna Dorothea Lisiewska - Therbusch (1721-1782)


Dorotea Lisiewska Therbuch, autorretrato, 1977


Nació el 23 de julio de 1721 en Berlín y allí moriría el 9-11-1782. Es otro caso de familia de artistas. Su padre, el retratista Georg Lisiewski, de origen polaco, enseñó pintura a Anna Dorothea, a su hija mayor, Anna Rosina, y a su hijo Christian Friedrich Reinfold Lisiewski. Se conservan al menos dos cuadros de Anna Dorothea (de fiestas galantes) anteriores a su matrimonio en 1745, con el también pintor Friedrich Therbusch. Tuvo 4 hijos y parece que dejó de pintar durante 15 años.


Pero en 1760 aparece pintando con éxito y recibe encargos en la corte de Stuttgart, en la de Mannheim y la de Berlín en 1764. Ese éxito y su ambición la mueven a probar a instalarse en París en 1765, a sus 44 años. Allí conoce a Diderot (que por entonces hacía crónicas de las exposiciones anuales del Salón). Entra en la Acadèmie des Beaux Arts con la Pieza de recepción titulada El Bebedor, con luz de velas. Pero le rechazan una pintura mitológica. Es criticada y respetada por su profesionalidad pero no tiene encargos. Diderot le compra una Cleopatra y le encarga un retrato de sí mismo, en torso desnudo, que solo se conserva en grabado.

Lisiewska, no siendo bella y siendo orgullosa y trabajadora infatigable (y estando sola seguramente) parece que no quiso congraciarse con el “establishment” artístico parisino y se fue, en 1768, de París a Holanda dejando deudas. A Diderot le confirmó lo que había dicho de ella en carta privada a S. Vollard: “no le falta el talento para crear sensación en este país, sino la juventud, la belleza, la humildad, la coquetería; la mujer debe extasiarse ante los méritos de nuestros artistas, tomar lecciones de ellos, tener un buen pecho y nalgas y concederse a sus maestros”. No se puede ser más descarnado.

Siguió viaje a Viena, donde la aceptaron en la Academia por un retrato de Hackert, otro pintor berlinés, y llega a Berlín en 1769. Hasta su muerte compartirá taller con su hermano, quien también enseñará pintura a sus 2 hijas. Y hará retratos para la corte, de Federico Guillermo II de Prusia (el sobrino y sucesor de Federico el Grande) o de su amante, aquí representada en 1776. Ella es Wilhemine Enke, desde 1794 condesa von Lichtenau, que influyó mucho en ese rey casi polígamo. La actitud de relajada intimidad es posible por representar una partida de caza pero en el cuadro hay también una alusión amorosa en las palomas que están en el ángulo superior izquierdo, un cuadro de auténtico rococó. Se conservan más de 30 obras suyas.


Texto de María Siguero Rahona,
Directora de Editorial Bercimuel, Madrid



Retrato de Wilhemine Enke, condesa von Lichtenau, 1776.

Jupiter y Antiope, 1775

El escultor Carl Phillip Gluma (1724-1776), alrededor del año 1775

 Retrato de Peter Anton von Verschaffelt, 1766

Retrato de Henriette Herz, 1778

Mujer joven en salto de cama (1769) óleo sobre lienzo, Gemäldegaliere, Berlin



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