miércoles, 12 de enero de 2011

Maria Hadfield-Cosway (1759-1838)

Autorretrato, según María Cosway, 1787.

Nació en Logorn, norte de Italia, en 1759, hija de un inglés y una italiana que tenían una posada en Florencia. Los ingleses paraban allí y allí la conoció de niña prodigio, bonita, con talento pictórico y musical, Angélica Kauffman. Ya en 1778 es académica de la Accademia de Florencia y en Roma conoce a Fuseli, Mengs, etc. Cuando muere su padre en 1779 quiso entrar en un convento. La madre y A. Kauffman la disuaden y ésta la invita a ir a Londres. Allí la introduce en el círculo artístico y la presentará al miniaturista Richard Cosway, 17 años mayor, con el que se casa en 1781. Al tiempo que Kauffman se vuelve a Italia ella se queda para ser la reina del Arte, y que su marido la utilice de ornato de sus fiestas-Salones de Dibujo y música a donde iba toda la aristocracia. Parece que el marido le prohibió cobrar sus obras. En 1781 expone en la Royal Academy 3 obras. Hace temas literarios ingleses y retratos heroicos, muy cursis, ciertamente, pero se sabe en total poco de su obra pues no se investiga en Florencia, Lodi, etc.

En 1786 la pareja viajó a París (Richard apoyaba a la Revolución francesa y por eso le abandonaron sus clientes nobles) y conocieron a Thomas Jefferson, embajador de los Estados Unidos en París. Se enamoraron. Parece que la pareja volvió a Londres y tuvo una hija en el 1791. Deprimida, María la dejó a los 3 meses con su padre y volvió a viajar al continente por 3 años y solo volvió en 1794 cuando estuvo la niña enferma y en 1796 cuando murió. Cuando viajó sola o con Jefferson por Europa, en un estilo propio de damas nobles, parece que huía de Londres, donde su marido la obligaba a llevar una vida frívola que parecía ir en contra de su verdadera manera de ser.


De hecho su Autorretrato (su mejor obra, aunque se conserve solo una copia) parece contradecir esa vida disipada y en él se muestra como una mujer bonita pero seria, solemne, sin coquetería, determinada y firme en sus ideas. Quizá era así como se mostraba en su relación con Jefferson, viajando y enseñándose mutuamente. Se conserva una carta, entre las muchas de él, que titula Diálogo entre la cabeza y el corazón, donde compara su deseo por ella y la necesidad de mantener él su integridad, y gana la cabeza. Ellos seguirán siendo amigos y manteniendo su correspondencia hasta 1824.

Antes de que muriera su hija, ella, en París, es amiga de J.L. David y trabaja en el Louvre. Pero parece que lo que más le importa es la idea de recluirse en un convento haciendo que sea un collegio para enseñar en él a las niñas. Así funda uno en Lyon que funciona de 1803 a 1809. El duque de Lodi lo conoce y la invita a fundar uno en Lodi en 1817. Siguió viviendo y enseñando allí después de la muerte del marido en 1821 y en 1834 fue nombrada baronesa por el emperador de Austria en recompensa de su labor a favor de la educación de las niñas. Allí murió en 1838. El Collegio delle Grazie en Lodi todavía existe.

Texto de María Siguero, Directora de Editorial Bercimuel, Madrid.



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