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jueves, 13 de octubre de 2011

Anne Vallayer-Coster (1744-1818)

Retrato de Anne Vallayer-Coster por Alexandre Roslin (1783)


Texto de María Siguero,  
Directora de Editorial Bercimuel, Madrid.

Francia, 1744-1818. Era hija de un orfebre del taller real de tapices de Los Gobelinos. A los 10 años la familia se trasladó a París, donde el padre abrió su propia tienda. Pero no se sabe nada de con quién estudió o pudiera aprender su pintura de naturalezas muertas.

Se sabe que pintaba ya en 1762 pero se conservan obras suyas desde 1766. En 1770 se presentó para entrar a la Academia Real con dos Alegorías de las artes visuales y de la música (hoy en el Louvre) y fue aceptada por unanimidad. Uno de los votantes dice, como se solía opinar de las pintoras entonces, estas palabras: “verdaderamente tiene dotes iguales a las de un hombre que se hubiera preparado en ese género de la naturaleza muerta”. 

Con esas obras debutó en 1770 en el Salón, donde participaría casi cada año y siempre fue muy elogiada hasta que debutaron en él las grandes pintoras retratistas, Vigée-Lebrun y Labille-Guiard, en 1783. Desde que en 1785 se le criticaran mucho unos retratos sólo se dedicó a las naturalezas muertas, especialmente a las flores.
En este género es considerada famosa con justicia. Se registran de ella al menos 400 obras con temas de flores, caza, instrumentos musicales, trofeos militares, utensilios de cocina, lujosa porcelana, jamones, langostas, frutas, en cuadros pequeños o grandes y de composiciones elaboradas. 

Se casó a los 37 años, en 1781, con J.P.S. Coster, rico abogado y miembro del Parlamento, y de ese modo entró en la clase de sus clientes. Aunque tenía amistades en la corte, después del 1789 se quedó en París hasta 1793. Seguramente se salvó porque los temas de sus cuadros eran políticamente neutros. 

Durante la revolución y después de ella su producción bajó mucho pero siguió pintando pues expuso en el Salon de 1817, un año antes de su muerte, uno de sus cuadros más ambiciosos, un gran banquete con langosta.

Muchos la consideraron la más notable pintora de naturalezas muertas del siglo XVIII francés. Si se la compara con el número uno del género, Chardin, es, naturalmente, una segundona, pero supera a casi todos. Anne Vallayer y Chardin se diferencian en muchas cosas: ella pinta muchos cuadros de flores, de gran modernidad, casi impresionista, en su pincelada. Claro es que las flores se consideraban más asequibles a las pintoras. Chardin no pintaba flores y sí escenas de género y retratos al pastel, géneros que ella no tocó.

La pintura de él es más pastosa y la de ella es de capas más delgadas. La temática de Chardin es más burguesa, de interiores sencillos, mientras que las naturalezas muertas de ella, de vajillas de plata o trofeos militares le acercan más a lo aristocrático. Pero tiene obras maestras como esta de La sopera blanca (hoy en colección particular de París), cuyo primer dueño fue el Marqués de Marigny, el equivalente al ministro de las Artes de la época, expuesta en el Salon de 1771, que fue muy elogiada por Diderot.

Es una alarde de habilidad pintando tonos entre el blanco y el negro, pues no hay colores salvo por el tostado del pan, pero también una composición llena de paralelas horizontales, verticales y diagonales. Y se diría que el humo de la sopera huele sabroso. 

La sopera blanca (1771)


Bodegón de corales


 Atributos de la Música (ca. 1770) Louvre


Bodegón con melocotones y uvas.

Bodegón de Gran Bogavante

Naturaleza muerta, gallo y  gallina, también conocido como dos gallos muertos (1785) Le Mans, Museo Tessé
Bodegón de pan y vino (1770)
Bodegón con busto de Minerva (1777)

 Gran jarrón de flores y Flora (1774)

Atributos de las Bellas Artes (1770) Louvre
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miércoles, 30 de abril de 2008

Maria Van Oosterwyck (1630-1693)

 
Naturaleza muerta con flores (1680), óleo sobre lienzo, 62,8 x 53,3 cm.
Fitzwilliam Museum, Cambridge


En el siglo XVII fueron excepcionales los casos de mujeres que sin provenir de una familia de artistas se dedicaron profesionalmente a la pintura. Una de ellas fue María Van Oosterwyck, nacida en la ciudad de Nootdorp, cerca de Delft, Holanda, en 1630, quien, junto a Cornelia de Rijck y María van Pruyssen, tuvo un rol importante en la pintura holandesa, a pesar de que ninguna fue aceptada en el sindicato de pintores. Fue alentada en esta actividad por su padre, un ministro predicador de la Reforma holandesa.

Según el pintor y escritor sobre arte Arnold Houbraken (1660-1719), María estudió con el pintor de flores Davidsz de Heem (1606-1683/84). Como mujer dedicada profesionalmente a la pintura, tuvo que enfrentar el problema de conseguir un asistente, ya que los jóvenes preferían ser ayudantes de pintores varones y a pocas mujeres les permitía su familia realizar este tipo de tareas. Fue así que María entrenó a su criada de labores domésticas, Geertje Pieters, en la preparación de las pinturas y luego también le enseñó a pintar. Más tarde, Geertje llegó a vender sus propias pinturas. Fue ella quien relató a Houbraken una anécdota sobre las intenciones del pintor Willem van Aelst respecto a María. El viejo pintor, quien podía acceder al estudio de la artista desde la parte trasera de su casa, insistía en sus proposiciones amorosas. María había puesto como condición a su aceptación que él se sentara a pintar en el estudio de ella diez horas al día durante un año para poder hacer un seguimiento de sus hábitos de trabajo. Como Willem no cumplió con lo estipulado, María continuó viviendo soltera. El hecho, que se suponía había ocurrido en Delft, en realidad parece haber transcurrido en Ámsterdam, ya que un documento realizado por un notario público en 1767, publicado por el investigador Abraham Bredius (1855-1946), establece que ambos fueron vecinos en esta localidad.


María es más conocida por sus pinturas de temas florales, pero también incursionó en una clase particular de bodegón denominada “Vanitas” (Vanidad), muy común en la época barroca y especialmente en Holanda, que incluye objetos de alto valor simbólico. A este tema pertenece su primera obra fechada en 1668.


Así como la pintora Clara Peeters, María presentaba a veces su autorretrato reflejado en algún objeto a manera de firma. Sus bodegones contienen monedas, instrumentos musicales, vasos, insectos, frutas y flores. Sus arreglos se ubican sobre un fondo oscuro que contrasta con el colorido brillante de las flores, que incluyen generalmente tulipanes y algún girasol en lo alto de la composición.

Los sindicatos de pintores de la época generalmente no permitían la afiliación de mujeres, sin embargo las empleaban en la producción de pinturas de bajo precio. Algunas vendían sus obras en la calle. A pesar de que María llegó a pintar en un nivel profesional, ganando más de 100 florines por pintura, sólo fue considerada “amateur bien pagada” por el gremio. La buena posición económica que logró alcanzar puede probarse por algunos hechos documentados: en 1666 prestó una gran suma de dinero a las hermanas Van Stralen en Delft; en 1675 y 1677 realizó grandes donaciones (1500 y 750 florines) para pagar el rescate de tres marineros prisioneros de piratas argelinos.

Entre los clientes de esta artista figuraron Luis XVI, quien compró una de sus pinturas con motivos florales, el emperador Leopoldo, el Rey de Polonia y William III de Inglaterra.
María permaneció activa en la pintura hasta el año de su muerte en 1693, a los 63 años, y aún así su producción no fue muy extensa debido a la complejidad de sus trabajos y a su manera de pintar muy lenta y detalladamente. 


Bodegón con flores  1675

 Rosas y  mariposa, Crocker Art Museum

 Ramo de flores en un florero, c. 1670, Museo de Arte de Denver

Jarrón de tulipanes, rosa y otras flores con insectos (1669) Museo de Arte de Cincinnati

Bodegón con flores en un florero decorativo, c. 1670-1675, Mauritshuis

 Vanitas con girasol y joyero, c. 1665, colección privada

Bodegón con flores, insectos y caracoles.



 

Fuentes:
Maria Van Oosterwyck - Everything2
Maria Van Oosterwyck - Luisa Elena Betancourt
MvO

viernes, 25 de enero de 2008

Giovanna Garzoni (1600-1670)


Autorretrato (ca. 1650) Acuarela sobre papel. 49,5 x 38 cm.

La italiana Giovanna Garzoni fue, en su época, una exitosa pintora de miniaturas que desarrolló especialmente el género de la naturaleza muerta, aunque también incursionó en el retrato y los temas religiosos. La artista, nacida en Ascoli Piceno en el año 1600, no fue hija de un pintor como solía suceder con las mujeres que llegaron a dedicarse a esta actividad, pero sus progenitores, Giacomo Garzoni e Isabetta Gaia, venían de familias de artesanos. Su talento fue descubierto cuando era aprendiz de un farmacéutico de su pueblo. Una carta escrita por ella en 1620 revela que fue entrenada en la pintura por Giacomo Rogni.

La pintora contrajo matrimonio en 1922 con un artista veneciano llamado Tiberio Tinelli, pero, como ella había hecho votos de castidad, este matrimonio duró sólo dos años.
Su primera pintura firmada fue una “Sagrada familia”, realizada cuando tenía 16 años. Otro de sus más tempranos trabajos fue un libro de caligrafía adornado con frutas, pájaros y flores, que fue publicado en 1625.

A los treinta años Giovanna abandonó Venecia para trasladarse a Nápoles con su hermano. En esta ciudad trabajó bajo el mecenazgo del Duque español de Alcalá, pero en sus cartas expresa que allí no era feliz, y al retornar el duque a España la artista se mudó a Turín, aceptando una invitación del Duque de Saboya. En este sitio trabajó durante cinco años y en 1640 viajó a Florencia, donde trabajó para la Corte de los Medici, pintando varios bodegones para el Gran Duque Ferdinando II.

Hacia el año 1654 la artista se trasladó a Roma donde fue miembro de la Accademia di San Luca (asociación de artistas fundada en 1593), hecho fuera de lo común en esa época ya que no era costumbre admitir mujeres, pero consta en los registros que recibió los mismos beneficios que sus pares masculinos.

La obra de Giovanna Garzoni muestra la influencia de Jacopo Ligozzi, pintor, ilustrador y miniaturista que también desarrolló una obra descriptiva de la fauna y la flora de carácter casi científico Este tema era de gran interés para los Medici, especialmente el duque Ferdinando II y su hermano, el cardenal Leopoldo. Muchos de los trabajos de Giovanna que hoy han sobrevivido y se encuentran en diferentes museos provienen de la colección cuidadosamente conservada por el Duque Ferdinando II y su esposa, la Gran Duquesa Vittoria della Rovere. Casi 40 obras suyas han sido rastreadas en colecciones florentinas y otras fueron registradas en los inventarios de los Medici de los siglos XVII y XVIII.

Las miniaturas de Giovanna, realizadas sobre una especie de pergamino hecho de fino cuero con pintura de acuarela o gouache, muestran una interesante simbiosis entre la convencional naturaleza muerta y el estudio científico botánico. La utilización de un medio acuoso en lugar del óleo les otorga frescura y ligereza. Detalles que dan vitalidad a estas composiciones son la inclusión de insectos y los efectos de luz y sombra, que crean una interacción entre los elementos representados.

Gracias a la Accademia di San Luca, que guarda excelentes registros, se pueden conocer detalles de la vida de esta artista, lo que fue de gran importancia, puesto que en su época sólo se hizo una breve mención sobre ella en Meraviglie dell’Arte de Carlo Ridolfi, obra del año 1648. Hay que tener en cuenta que el género que desarrolló era considerado de menor importancia por los historiadores del arte, frente a la figura humana y los temas religiosos. Posteriormente, Lione Pascoli, en su obra Vite (1730-1736) escribe que esta artista tuvo la posibilidad de poner el precio que quisiera por su arte. El éxito con sus clientes le permitió tener una gran independencia económica y algunos mencionan que por este motivo pudo retirarse a la edad de 43 años. Giovanna murió en febrero de 1670, dejando un legado de sus posesiones y una suma de dinero a la Accademia di San Luca, con la condición de que la enterrasen en su iglesia Santi Luca e Martina, donde se le erigió un monumento realizado por Mattia De Rossi, completado en 1698. La artista fue prácticamente desconocida hasta que en 1964 se realizó una exposición de naturalezas muertas en Italia que mostraba algunos de sus trabajos.
 

 El hombre de Artemino (1648-1651)
Acuarela sobre pergamino, 386 x 600 mm
Galleria Palatina (Palazzo Pitti), Florencia

Perra (c. 1648)
Óleo sobre lienzo
Galleria Palatina (Palazzo Pitti), Florencia

 Tazón con Ciruelas (1625-1650)
Tempera en pergamino, 66 x 49 cm
Galleria degli Uffizi, Florencia

Plato de porcelana china con cerezas
Óleo sobre lienzo
colección privada

Tazón de China con las figuras, un pájaro, y cerezas 1651-1662)
Acuarela sobre pergamino, 260 x 380 mm
Galleria Palatina (Palazzo Pitti), Florencia
Jarrón chino con flores, un higo y frijoles (1625-1650)
Acuarela y rastros de lápiz negro sobre pergamino, 510 x 369 mm
Galleria degli Uffizi, Florencia


Plato con higos (1661-1662)
Acuarela en vitela, montada sobre madera, 240 x 350 mm
Colección privada

Higos (1651-1662)
Acuarela sobre pergamino, 245 x 345 mm
Galleria Palatina (Palazzo Pitti), Florencia

Plato de guisantes (1651-1662)
Acuarela sobre pergamino, 245 x 345 mm
Galleria Palatina (Palazzo Pitti), Florencia

Bodegón
Gouache sobre vitela, 330 x 445 mm
Colección privada

Jarrón con flores, un melocotón y una mariposa
Témpera y rastros de lápiz negro sobre papel vitela, 663 x 479 mm mm
Galleria degli Uffizi, Florencia

Frutas y jazmín en un plato

Erizo, caracol y frutos

Bodegón con frutas, calavera y botella

 
Bodegón con pájaros

Rama de dittany con cuatro avellanas y dos peras
Témpera y rastros de lápiz negro sobre papel vitela, 555 x 417 mm
Galleria degli Uffizi, Florencia

 Mandrágora (c. 1650)
Acuarela y tinta en vitela, 495 x 380 mm
Dumbarton Oaks Research Library, Washington

Fuentes:
El país.com/La comunidad, Quadretti in cartapeccora de Giovanna Garzoni...Frutas y jazmín en un plato

Bibliografía sobre Giovanna Garzoni:
Giovanna Garzoni: "Insigne miniatrice", 1600-1670, de Gerardo Casale

viernes, 11 de enero de 2008

Clara Peeters

 Vanitas, pintura de Clara Peeters, ca. 1610. 
La mujer representada es probablemente ella misma.

Una pintora flamenca que incursionó en el género del bodegón tempranamente, así como Fede Galizia, fue Clara Peeters, artista de cuya vida no se conoce casi nada. En un registro de bautismos de Amberes del año 1594 figura su nombre y, si de hecho se tratara de la misma, significaría que ya pintaba de manera profesional a la edad de doce o trece años, lo que parece poco probable. Sus trabajos fechados comienzan en 1607 y posiblemente pintó muy poco después de realizar su última obra, fechada en 1621, “La Virgen y el Niño dentro de una corona de flores”. Algunas fuentes mencionan una pintura perdida del año 1657, pero muchos de los datos en los que se fundamenta la cronología de su obra, en los libros de N. Vroom y P. Decoteau entre otros, parten de fuentes erróneas o inseguras que han sido corregidas por Fred G Meijer. Abraham Bredius presume que la artista trabajó en Ámsterdam en 1612 y en La Haya en 1617, pero al parecer la Clara Pieters que encontró en los archivos no era pintora sino prostituta. Otro archivo menciona a una Clara Peeters que contrajo matrimonio en Amberes el 31 de mayo de 1639, que pudo ser también otra persona. No se conoce con certeza la fecha de su muerte. Clara Peeters no representó ningún objeto que sugiera una fecha posterior a 1921; es erróneo el dato de J. G. van Gelder en el que asocia las monedas de una de sus pinturas con una fecha posterior a 1920, siendo en realidad posteriores a 1909.

No existen registros con el nombre de Clara Peeters ni en los gremios de pintores de Flandes ni de Holanda. El gremio de Amberes ya había comenzado a incluir mujeres desde 1602, por lo que bien podría haber sido registrada, y de hecho dos de sus paneles contienen marcas de Amberes.

Las únicas evidencias son, entonces, sus admirables obras firmadas y fechadas entre el año 1907 y 1921; la calidad, el tamaño de algunas y la producción que se conserva llevan a considerar muy difícil que no se tratara de una pintora profesional, encontrándose a la par de sus contemporáneos Jacob van Hulsdonck y Osias Beert como tempranos colaboradores con el desarrollo del bodegón. La destreza que muestran sus primeras obras hace suponer que fue entrenada por algún pintor, pero no hay fuentes que avalen esta teoría. Algunos suponen que fue adiestrada por Osias Beert, tal vez por la mayor cercanía que tiene su pintura con la de este artista.

En sus obras, desde los primeros bodegones de pequeño formato realizados en 1607 y 1608, su composición fue volviéndose más compleja y el punto de vista fue descendiendo. Hacia 1611 su estilo maduró completamente. Fue el año en que pintó el grupo que se encuentra en el Museo del Prado (“Bodegón con Peces”, “Bodegón con tarta” y “Bodegón con pasas”) en el que se aprecia una gran maestría en la imitación de texturas, el dominio de las formas, el manejo del espacio y la iluminación. Algunos sectores están todavía trabajados de manera pictórica. Sus obras de 1612 presentan un punto de vista aún más bajo, sus composiciones tienen menos objetos y la pintura muestra un acabado más fino. En su obra de 1621 (“La Virgen y el Niño rodeados de una corona de flores”) hay una regreso a la manera pictórica.

En la mayoría de sus trabajos, Clara Peeters dispone los objetos sobre una mesa: ramos de flores exóticas, lujosas piezas de platería, variedad de alimentos como nueces, quesos, panes, aves, mariscos, peces, todo sobre un fondo oscuro. En algunos de sus objetos de metal se ve reflejado su autorretrato en miniatura, lo que puede ser tomado como una firma adicional.

En el National Museum of Women in the Arts de Washington se encuentra su obra "Bodegón con pescado y gato". Clara Peeters tiene una especial importancia en este museo, ya que sus fundadores, Wilhelmina Cole y Wallace F. Holladay, coleccionistas de arte, sintieron el impulso de fomentar la conservación y difusión de obras de artistas mujeres cuando quedaron impresionados por una obra de Clara Peeters ubicada en una galería de Viena y unos días más tarde por otra ubicada en el Museo del Prado. Cuando la señora Holladay intentó averiguar más datos de esta artista en el libro que habitualmente consultaba (H. W. Janson’s History of Art), halló que no mencionaba ni a esta ni a ninguna otra mujer artista, quedando tan sorprendida por la omisión que en adelante se empeñó en coleccionar y redescubrir el arte de las mujeres. El cuadro “Naturaleza Muerta con Pescado y Gato” fue adquirido por la pareja y donado al National Museum of Women in the Art. La base de datos de este museo también se llama Clara, en honor a esta pintora.

Bodegón con quesos, almendras y pretzels

Bodegón con quesos, alcachofa, y cerezas
 
 Mesa con naranja, aceitunas y pastel

 Bodegón con pastel (c. 1611) Museo del Prado, Madrid

Bodegón con pasas (1611) Museo del Prado, Madrid

Bodegón con quesos, almendras y pretzels (c. 1612-15)

 Naturaleza muerta con flores y copas doradas
Bibliografía sobre Clara Peeters:
Fred G Meijer, The Ashmolean Museum, Oxford, Catalogue of the Collection of Paintings: The Collection of Dutch and Flemish Still-life Paintings Bequeathed by Daisy Linda Ward, Zwolle/Oxford 2003
Pamela Hibbs-Decoteau, Clara Peeters 1594-c.1640, Lingen 1992