lunes, 4 de febrero de 2013

Isabel de Santiago (1660-1714)

  
“Arcángel Gabriel”. Atribuido a Isabel de Santiago, segunda mitad del siglo XVII, principios del XVIII. 
Museo Fray Pedro Gocial. Quito

Isabel de Cisneros y Alvarado nació en Quito en la segunda mitad del siglo XVII (probablemente en la década de 1660 a 1670) y murió en el año 1714 en la misma ciudad. Fue hija de Miguel de Santiago, considerado el mejor pintor del siglo XVII en Ecuador, y de doña Andrea Cisneros y Alvarado. Recibió los apellidos de su madre pues su padre no deseaba que sus hijos llevasen un apellido que no les pertenecía (Santiago, que él mismo había tomado de su benefactor), ni Vizuete (que representaba su pasado indígena); sin embargo en el medio artístico fue siempre conocida como Isabel de Santiago.

Contrajo primer matrimonio con Juan Merino de la Rosa, Portero Mayor de la Audiencia de Quito. Tras la muerte de este, se casó con el capitán Antonio Egas y Venegas de Córdoba. De este matrimonio nacieron cinco hijos, tres hombres y dos mujeres: Agustín, María Mónica, Nicolás Fortunato, Antonio y María Tomasa. Dos de ellos se hicieron sacerdotes de la orden agustina a la que tanta devoción le había profesado su abuelo materno.

Isabel siguió los pasos de su padre y fue heredera de su taller, en el que habitualmente trabajaron ella y su marido. La artista ya era viuda cuando falleció su progenitor en 1706 y continuó pintando hasta su muerte. Por su testamento se sabe que fue respetada en su profesión, ya que recibió numerosos encargos, concluyó obras de su esposo y realizó otras para cancelar algunas deudas dejadas por él.

Por ser mujer no pudo realizar los exámenes para la obtención de los grados que la acreditaban como una pintora profesional, pero se ganó el respeto, tanto que uno solo de sus lienzos era aceptado como pago de grandes deudas que le habían dejado su padre y su marido. Mientras trabajó con su padre, ambos se dividían las ganancias en partes iguales.

El historiador quiteño Federico González Suárez dice que se destacó en la pintura y manejaba el pincel con admirable delicadeza. El historiador y arqueólogo Jacinto Jijón y Caamaño afirma que el estilo de Isabel se caracteriza por un cúmulo de flores y animalillos que reflejan "la pequeñez de su espíritu", entendido esto último como un halago a su pureza de espíritu y humildad.

Su obra más conocida es el retrato que le hizo a Sor Juana de Jesús, monja clarisa a la que le atribuían comportamientos de santa. Pocos días después de su muerte, en 1703, le encargaron el retrato a su esposo, quien sintiéndose incapaz de realizarlo se lo pidió a Isabel.

Su estilo personal, de belleza floral, luminosidad y presencia de pequeños animales, se ve en el resto de sus trabajos, entre ellos los lienzos titulados "El hogar de Nazareth", guardado en el convento de San Diego, y "El arcángel Gabriel" en La Merced. Además, Isabel trabajó en conjunto con su padre en varias obras muy conocidas, entre ellas: "La Virgen de las Rosas", para el convento de Santo Domingo; "La Virgen de las Flores", que se encuentra en el Museo de Arte Colonial, de Quito; y "San Antonio de Padua", para el monasterio de El Carmen Alto.


Los óleos sobre la infancia de la Virgen María y también del niño Jesús se convirtieron en su especialidad tras las muertes de su padre y esposo.


Isabel continuó pintando hasta el día de su muerte, ocurrida en Quito en 1714. Fue enterrada en el convento de La Merced.

“El hogar de Nazaret”. Atribuido a Isabel de Santiago, segunda mitad del siglo XVII, principios del XVIII. 
Museo del Convento de San Diego. Quito